Natalia Cárdenas Uribe y Catalina Ossa Velásquez
Clase: Abril 29 de 2009
Fuentes: El Tiempo; El Colombiano; Los Tiempos (Bolivia); Pueblo en línea (China); Telesur.
Rafael Correa celebró el pasado domingo una histórica reelección para un nuevo mandato de cuatro años en Ecuador, en los que tendrá que enfrentar la crisis económica mientras lidia con la amenaza de millonarias demandas de inversores extranjeros.
El mandatario socialista obtuvo más del 50% de los votos, superando al ex presidente Lucio Gutiérrez, evitando así que el país acuda a una segunda vuelta por primera vez en la democracia ecuatoriana.
"Mis primeras palabras son de profundo agradecimiento al pueblo ecuatoriano dentro y fuera de la patria (...) Jamás los vamos a defraudar, esta revolución está en marcha y nada ni nadie nos detiene. Somos bolivarianos y alfaristas, y renovamos nuestro compromiso con los más pobres de la patria", dijo el Presidente en Guayaquil.
"El socialismo por supuesto seguirá, si por eso ha votado el pueblo ecuatoriano", declaró Correa, quien gobernará hasta el 2013 con la posibilidad de una reelección inmediata. "¿Cuándo hemos ocultado nuestra orientación ideológica? Vamos a enfatizar esa lucha por la justicia social; por la justicia regional, vamos a seguir la lucha para eliminar toda forma de explotación laboral dentro de nuestra convicción socialista: supremacía del trabajo humano sobre el capital", añadió.
Lucio Gutiérrez, por su parte, denunció: "tengo dudas en este proceso, el gobierno quiere comprar un millón de votos regalando urea para los agricultores".
Correa había prometido abrir un nuevo ciclo político-económico en la nación andina con la implementación de una nueva carta magna de corte socialista, que lo convirtió desde el año pasado en el gobernante más poderoso en la historia reciente de Ecuador.Sin embargo, el desplome de los precios del petróleo, la caída de las remesas y las golpeadas exportaciones agropecuarias comprometen los recursos para los proyectos sociales que han sostenido su popularidad en un país donde ningún presidente logró acabar su mandato en la última década.
Pese a que sus adversarios lo tildan de autócrata populista, la mayoría pobre aplaude su mano dura contra los inversores extranjeros, de los que ha obtenido recursos con agresivas negociaciones de contratos que le han permitido financiar el aumento de salarios, escuelas y hospitales.
El partido de Correa obtuvo además una mayoría en la nueva Asamblea Nacional que le permitiría sacar adelante reformas legales clave para dotar de más poder económico al Gobierno y ejercer mayor control sobre instituciones como el Ejército, los medios de comunicación y las cortes.
Escenarios
El presidente Correa, que hasta el 2005 era desconocido en la política de Ecuador, se ha establecido como el líder de la "revolución" de las estructuras políticas de esta nación, y no ha dudado en atacar, en cuanta intervención pública, a lo que él llama "partidocracia", que, según él, son los responsables de gran parte de los males del país.
Hay que reconocer la labor de Correa a favor de las clases "restringidas". Seguramente en su segundo período, seguirá poniendo de manifiesto su interés en atender a los sectores sociales a los que les ha mejorado la educación, la vivienda y la salud.
Sin embargo la actual preocupación, especialmente para políticos y conocedores del tema, está en que el triunfo de Correa conlleva el peligro de que el Gobierno crea que pueden prescindir de otros actores de la sociedad, tal como lo ha intentado hacer hasta el momento. Según esto, es posible vislumbrar un futuro complicado para la estructura de un Estado autoritario, con concentración de poder, dependencia entre las funciones del Estado, y que por ende rompe con la democracia y las leyes. Correa ha manejado un proceso político que ha complicado las relaciones internacionales y los acuerdos con organismos multilaterales, ha polarizado el país entre él y los demás, pues si no se está con él, se está excluido.
Por el contrario, este triunfo fortalecerá la relación de Ecuador con los demás países de izquierda, pues por su afinidad ideológica se seguirá profundizando la cooperación en los ámbitos energético, político, económico y cultural.
En cuanto a Colombia, es difícil lograr el restablecimiento de relaciones diplomáticas, principalmente por la personalidad del mandatario ecuatoriano y teniendo en cuenta, además, que en meses pasados Correa anunció que "mientras Álvaro Uribe sea presidente de esa nación" no reanudará relaciones con el vecino país.
Eloy Alfaro
El ecuatoriano que más influencia ha ejercido en la vida de la República y en este siglo es el presidente Eloy Alfaro. Su lucha por instaurar los principios liberales transformaron al Ecuador, le dieron coherencia nacional, modernizaron sus instituciones, tratando de convertir una sociedad conservadora en un Estado progresista.
La acción gubernamental de Alfaro, los diversos períodos que ejerció como jefe de Estado, su monumental construcción del ferrocarril, la obra más importante que hasta entonces había edificado la República, que sirvió para que el País cimiente su encuentro físico; y su visión de estadista, se expresó no solamente en las leyes normadoras, sino en la creación y el impulso febril de la acción pública, particularmente educativa, en toda la República.
Accionar trascendente
Su acción como gobernante y visión de estadista y latinoamericano, rebasaron las fronteras del País. Su sueño y gran parte de su esfuerzo se orientaron a la restauración de la Gran Colombia y más ampliamente todavía a la formación de una Confederación Latinoamericana de Naciones y Pueblos. Su percepción de estadista estuvo presente en las luchas por consolidar la independencia de los pueblos centroamericanos y se vio honda y notablemente inmerso en los esfuerzos de Cuba por alcanzar su independencia nacional.
Sus luchas empezaron en las últimas décadas del siglo pasado, combatiendo los gobiernos de Ignacio de Veintimilla, Plácido Caamaño, Flores y Cordero, algunos de cuyos mandatos se caracterizaron por la tiranía, corrupción e ineficacia.
A Alfaro le tocó vivir una época de un Ecuador que sin cimentarse y sin haber logrado conformar una unidad nacional, se caracterizaba por una inestabilidad política, falto de cohesión entre sus dos importantes regiones, hondamente influido por un clericalismo con frecuencia sectario y en ocasiones cerril, que concibió la lucha de este hombre como la de un jacobino enemigo de la religión y de la iglesia, a la cual en repetidas ocasiones demostró su respeto; plagado de administraciones corruptas donde las riquezas fiscales se derrochaban y malgastaban en dispendios y francachelas, sin siquiera una vía importante que permitiese una comunicación física adecuada entre sus dos principales ciudades, con problemas territoriales con Colombia y Perú, con un analfabetismo completamente generalizado y mayoritario y con el sector de su población indígena todavía sumido en opresiones de tributos especiales y leyes injustas.
Fecunda labor
En sus períodos como jefe de Estado, desde 1895 a 1901 y de 1906 a 1911, Alfaro desarrolló una labor enorme, primero con la implantación de las leyes liberales directamente nacidas de su decisión o las inspiradas por él en el período de Leonidas Plaza, que se recogieron en la Constitución de 1906 y en las leyes especiales que contemplaban la separación de la Iglesia y del Estado, la Ley de Cultos, las que regulaban las relaciones de familia, las de libertad de conciencia, de garantías de derechos políticos, de supresiones de impuestos y tributos especiales. En fin, instituyó una nueva institucionalidad, cuyos fundamentos moldearon la sociedad ecuatoriana del siglo XX.
Su obra pública más importante fue la construcción prácticamente íntegra del ferrocarril Guayaquil-Quito, que inicia la consolidación física del Ecuador y permite su in-tegración. Recogió los trabajos apenas con 60 kilómetros de vías inadecuadamente construidos y con una visión, empeño y energía excepcionales, afrontando las críticas inmisericordes que le imputaban todo lo malo, celebró el contrato de su construcción en 1897 y tramo a tramo impulsó sus esfuerzos hasta su inauguración en Quito, el 25 de junio de 1908, generando la mayor explosión de alborozo, de orgullo nacional y de satifacción que había conocido la República.
Impulsó la educación
Su labor para impulsar la educación fue permanente y fecunda. Construyó los colegios normales de Quito y Guayaquil, algunos de los más importantes establecimientos de educación pública en la República. Instituyó como universal, obligatoria y gratuita, la educación primaria, se abocó a la construcción de edificios públicos indispensables para la época, de obras de infraestructura sanitarias e higiénicas en Quito y Guayaquil, de carreteras importantes, inició los trabajos de tramos adicionales del ferrocarril como el de Quito-Ibarra, el de Manabí, El Oro y el Austro. Su obra pública fue como la de la reestructura legal y jurídica de la República: amplia, vasta y nacional.
La honorablidad de sus procedimientos y su pulcritud resistieron las críticas y acusaciones que permanente e intermitentemente se le imputaban. Cuando en el ejercicio de la Presidencia de la República le tocó enfrentar un insolente ultimátum del gobierno peruano que amenazaba con la guerra, lejos de amilanarse, no vaciló en aprestar y organizar la defensa nacional, hasta que el gobierno del sur retiró el ultimátum.
Su nombre como líder latinoamericano está presente en la historia de Centroamérica, de Colombia, de Venezuela, de Cuba, de España, donde subsisten monumentos erigidos en su honor. Aun su martirio engrandece su figura.
Eloy Alfaro es, sin duda, la máxima figura de la historia republicana del Ecuador e incuestionablemente el más destacado personaje de este siglo.
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